
En la época de nuestro amado Kás íbase una dulce ganadera de la Villa de Vallekas a la zona del puente de Vallekas, a tratar sus asuntos, junto a un caballo adivinen de que color.
Había en el camino, en lo que ahora se llama Alto del Arenal (Hijos del Metro de Madrid, ¡Presentes!), una fuente de aguas cristalinas. Páranse a beber de ella. Tal era el cansancio que la buena moza debío de caerle en gracia el blanco del caballo. Disfrutaron sin miramientos de la eterna condición de animales. Por ello, y tras 9 meses y en adelante, a los Vallekanos (a los de la Villa, a los buenos. Ríanse ustedes de los vallekanos de palo del Puente) nos llaman, como no, hijos del caballo blanco.
Bonita historia con bonito final.
Había en el camino, en lo que ahora se llama Alto del Arenal (Hijos del Metro de Madrid, ¡Presentes!), una fuente de aguas cristalinas. Páranse a beber de ella. Tal era el cansancio que la buena moza debío de caerle en gracia el blanco del caballo. Disfrutaron sin miramientos de la eterna condición de animales. Por ello, y tras 9 meses y en adelante, a los Vallekanos (a los de la Villa, a los buenos. Ríanse ustedes de los vallekanos de palo del Puente) nos llaman, como no, hijos del caballo blanco.
Bonita historia con bonito final.



